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08:45h. domingo, 27 de septiembre de 2020

TURISMO DE VIDA ¡UN INCREÍBLE VIAJE VITAL!

El milagro que transforma dos células totalmente distintas en un bebé totalmente formado, esta obra nos conduce hasta las fronteras de la biología moderna en un increíble viaje vital.
No hay nada más dulce y tierno que ver a un bebé recién nacido.
No hay nada más dulce y tierno que ver a un bebé recién nacido.
El equipo de Emprendurismo, en esta época de regocijo y paz espiritual, se complace en presentar a diferentes mujeres, que dentro de muy poco serán Madres de creaciones DIVINAS, los babys.
Aquella… luchadora, aguerrida, apasionada, y valiente mujer, será quien, junto a su compañero de vida, aquel hombre que con su sabiduría y amor sabrá dirigir a su familia hacia el sendero de luz.
1) Dios nos creó y nos formó
Tú creaste mis entrañas y me formaste en el vientre de mi madre.
No hay nada más dulce y tierno que ver a un bebé recién nacido, tan diminuto y a la vez tan perfecto. Dios creó cada parte de nuestro cuerpo, nos formó tal y como Él quiso. Y es precisamente Él quien se deleita más al vernos nacer, crecer y usar para bien todos los talentos y el potencial que él ha puesto en nosotros.
2) Dios nos conoce desde el primer momento
Mis huesos no te fueron desconocidos cuando en lo más recóndito era yo formado, cuando en lo más profundo de la tierra era yo entretejido. Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos.
(Salmo 139:15-16)
3) Los hijos son una bendición
Los hijos son una bendición, son herencia de Dios y recompensa para nuestras vidas. Debemos amarlos y apreciarlos. Es un gran privilegio y honor que Dios nos conceda hijos, poder verles crecer y criarles en el temor del Señor. Apreciemos ese regalo de Dios.
4) Los niños como ejemplo de humildad
En ese momento los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: ¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?
Él llamó a un niño y lo puso en medio de ellos. Entonces dijo: Les aseguro que a menos que ustedes cambien y se vuelvan como niños, no entrarán en el reino de los cielos. Por tanto, el que se humilla como este niño será el más grande en el reino de los cielos.
(Mateo 18:1-4)
5. Tenemos que enseñarles a amar a Dios
Dios anhela que le conozcamos y le amemos desde nuestra niñez. Los padres somos responsables de enseñar a nuestros hijos a amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas. Esto se hace mejor con el ejemplo. Si ellos ven que nuestro amor a Dios y el deseo de agradarle son la base de nuestras acciones, aprenderán a vivir una vida que glorifique a Dios.
RECIBIMOS A JESÚS AL RECIBIR A UN NIÑO
Cuando recibimos a un niño estamos recibiendo a Jesús. Él no vino a la tierra con mano dura e imponiendo, sino que nació en un pesebre como un bebé. Jesús ve mucho valor en todo el ciclo de vida de los seres humanos, pero se identifica especialmente con el corazón sencillo, y abierto de los niños.
Jesús veía en los niños que le rodeaban características suyas como la humildad y la sinceridad. Él tomaba de su tiempo para abrazar a los niños, los reconocía como personas valiosas y no sólo como algo que se debía tolerar como era común en ese tiempo.
De la misma forma nosotros debemos valorar a los niños que Dios pone en nuestro camino, no solo a nuestros hijos sino a todos los niños que nos rodean. Abramos nuestros brazos y nuestros corazones, y aprendamos a apreciar a cada uno de ellos.
Sin duda alguna, la felicidad de tener un niño en casa es la mayor satisfacción para los abuelitos, haciendo un recorderis y reviviendo los mejores momentos con los hijos que con amor criaron. (F)
CELEBREMOS EL NACIMIENTO DEL NIÑO